Este es el lugar donde paso la mayor parte del tiempo. Un espacio tranquilo, sin prisas, donde cada decisión se toma escuchando el instrumento que está en proceso.
Aquí no hay series ni ritmos marcados. Cada guitarra ocupa su tiempo y su lugar, desde la selección de la madera hasta el último ajuste. El taller no es solo un espacio físico, es una forma de trabajar.



En el taller hay muchas horas invisibles. Pero, si tuviera que resumir lo esencial, siempre vuelvo a estas tres cosas:
La madera: trabajo con maderas nobles de la mejor calidad, elegidas con cuidado.
El espesor: controlo con precisión cada pieza para buscar equilibrio y respuesta.
El barniz: un acabado ligero, que respeta el color natural de la madera.


No todas las guitarras avanzan igual, ni deberían hacerlo. Algunas maderas necesitan más tiempo, otras piden decisiones distintas. Parte del trabajo consiste en saber cuándo avanzar y cuándo detenerse.
No trabajo con plazos cerrados ni con ritmos impuestos. Prefiero que cada instrumento marque su propio camino, respetando el proceso y las pequeñas decisiones que van apareciendo durante la construcción.



© Fernando Caldera · Luthier artesanal · Todos los derechos reservados.
